LA ZONA CEREBRO : "Posverdad" (la nueva mentira).

Un nuevo neologismo encubridor aparece mencionado repetidamente en los medios de comunicación: “posverdad”. Éste alude a la distancia cada vez mayor entre los discursos de los políticos y los hechos reales que producen, ya que estos últimos influyen menos en la opinión pública que los llamados a la emoción y la creencia personal. Esto no es nuevo en la historia de la humanidad. De allí la pregunta acerca de su sentido.


La versión privatizada de la modernidad

En los ´90 se impone el termino “posmoderno” por el cual se establece que no hay nada fuera del discurso. No hay principios últimos y la realidad se caracteriza por la fragmentación donde no hay hechos, solo interpretaciones de los hechos. Nietzsche es quien se habría adelantado en la conceptualización de la crisis de los valores del iluminismo.

En su concepción se acentúan los procesos de desintegración en el rechazo del racionalismo propio de la modernidad a favor del fragmento. 

Los posestructuralistas plantean que la historia deviene del lenguaje y ésta es una cadena de simulaciones e interpretaciones. Como dice Jean Baudrillard: “el simulacro es lo verdadero” y continua “En el apogeo de las hazañas tecnológicas, perdura la impresión irresistible de que algo se nos escapa; no porque lo hayamos perdido (¿lo real?), sino porque ya no estamos en posición de verlo: a saber, que ya no somos nosotros quienes dominamos el mundo, sino el mundo es el que nos domina a nosotros. Ya no somos nosotros quienes pensamos el objeto, sino el objeto el que nos piensa a nosotros. Vivimos bajo el signo del objeto perdido, ahora es el objeto el que nos pierde.” 


Jean Baudrillard

Esto ha llevado a la hegemonía de lo que Zygmunt Bauman nombra como “modernidad líquida” donde “los sólidos que se están derritiendo en este momento, el momento de la modernidad líquida, son los vínculos entre las elecciones individuales y las acciones colectivas. Es el momento de la desregulación, de la flexibilización, de la liberalización de todos los mercados. No hay pautas estables, ni predeterminadas en esta versión privatizada de la modernidad. Y cuando lo público ya no existe como sólido, el peso de la construcción de pautas y la responsabilidad del fracaso caen total y fatalmente sobre los hombros del individuo.” 

Su resultado es que las identificaciones de clase, género y generación se encubren para establecer la fuerza de las identificaciones en las que se está como ganador o perdedor según la lógica del mercado. 

En esta perspectiva, la búsqueda de emancipación es rechazada por diferentes “pos” donde lo que aparenta es más importante que la propia verdad. Aquí encontramos la idea de la “posverdad”. Lo cual nos lleva a la necesidad de definir qué se entiende por “mentira”. Según el diccionario, se define como una cosa que se dice sabiendo que no es verdad, con intención de que sea creído (María Moliner); expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa (RAE). 

Por lo contrario, la “verdad” es una cualidad de una expresión o representación que corresponde a una cosa que existe o la expresa o la representa como es. Entidad abstracta construida por lo que es verdadero (María Moliner). Conformidad de las cosas con el concepto que de ellas forma la mente. Juicio o proposición que no se puede negar racionalmente. Conformidad de lo que se dice con lo que se siente o piensa (RAE). 

Podemos observar que estas definiciones se basan en lo que pensaba San Agustín cuando propone que el acto de mentir es decir lo contrario de lo que se piensa y añade, con la intención de engañar. Debemos destacar que para producir una mentira se requiere: 

1°) la conciencia por parte del hablante de lo que es cierto; 

2°) la conciencia del carácter incierto de lo que se dice; 

3°) la intención de engañar y 4°) la intención del hablante de ser considerado veraz. Es decir, la mentira es una actividad verbal, intencional y que pertenece al registro de la conciencia.

Los orígenes de la palabra “posverdad” tienen varias fuentes. Una de ellas es que en abril de 2010 una revista humorística especializada en política medioambiental publica un artículo que por primera vez utiliza la palabra “posverdad”. El creador del término fue David Roberts y se refería a las políticas que negaban el cambio climático pese a la evidencia científica al respecto. 

Pero fue el diccionario de Oxford en 2016 que estableció a “post-truth” como la palabra del año (en diciembre de este año se incorpora al diccionario de la RAE como sustantivo y sin guión en el medio). 

El triunfo de los populismos de derecha en EEUU y en Europa con el Brexit le dieron carta de ciudadanía. 

Donald Trump afirmaba permanentemente cosas falsas y Nigel Farage en el Reino Unido, luego de ganar el Brexit, negó todos los eslóganes de su campaña: simplemente decía “yo nunca dije eso”. 

En ambas situaciones había una indiferencia absoluta a la verdad. Sin embargo, recién cuando la revista de la burguesía financiera -como la denominaba Carlos Marx- The Economist publica un artículo sobre el tema, la palabra adquiere peso mediático. Allí, luego de la victoria de Donald Trump, lo nombra como el máximo exponente de la posverdad. Es decir, de ser un partidario de las pasiones y las creencias individuales con las cuales convence a sus votantes. 

En este sentido la larga historia de las mentiras en la actividad política que termina en la posverdad es compleja, pero debemos pensarla en la crisis del capitalismo tardío. Es así como el concepto que alude a los populismos de derecha se transforma en una reacción defensiva de las posturas neoliberales ya que supuestamente a éstas no las alcanza el concepto de posverdad. De esta manera se pretende encubrir las razones de la desigualdad, el racismo, la violencia y la discriminación en pos de la ideología neoliberal.


El inicio del marketing: “Las antorchas de la libertad”

En la sociedad de mercado el sujeto se ha transformado en un consumidor que hay que venderle un producto. Éste puede ser una heladera, un auto o un político. Pero esto no es una novedad. Vayamos a principios del siglo pasado.


Edward Louis Bernays

Eduard Bernays había nacido en Viena en 1891. Su madre era la hermana de Sigmund Freud y su padre era el hermano de la esposa de Freud, Eli Bernays; es decir, era sobrino por ambas partes. Siendo joven, sus padres decidieron emigrar a Nueva York donde decide utilizar las ideas de su tío para influir en la opinión pública. Cuando tenía 25 años le propone al Presidente de EEUU Woodrow Wilson que justificara su entrada en la Primera Guerra Mundial diciendo que EEUU quería “llevar la democracia a todo Europa”. El eslogan fue un éxito. 

Luego de la Gran Guerra comenzó a usar sus conocimientos para fines comerciales. En 1920 un fabricante de cigarrillos se planteo como incorporar a la mujer en el consumo del tabaco. Bernays consultó a un psicoanalista y éste le dijo que algunas mujeres fumaban en público como una rebelión contra el machismo. Bernays, en vez de diseñar una publicidad, inventó una noticia. Pagó a una docena de chicas para que fumaran en medio de un gran desfile en la Quinta Avenida y les dijo que llamaran a sus cigarrillos “antorchas de la libertad”. Invitó a periodistas para que las entrevistaran; al día siguiente era tapa de todos los diarios y el consumo de cigarrillos aumento rápidamente. Bernays fue el creador de lo que hoy se conoce como marketing. 

En la misma época, el nazismo basaba su propaganda en la manipulación y la mentira; la consigna era repetir cien veces una mentira para transformarla en verdad. El estalinismo reescribe la historia de la revolución rusa donde el nombre y la figura de Trotsky no existe. La persecución a la oposición de izquierda zinovievista, bujarinista y trostkista se basaban en mentiras que, en muchas oportunidades, son tomadas como verdades por los propios acusados antes de ser encarcelados o fusilados.


Eduard Bernays murió en 1993 a la edad de 103 años cuando su invento ya era algo natural de la sociedad capitalista. Lo que nunca imaginó es la velocidad, la intensidad y la gran cantidad de información, sea falsa o verdadera, que en la actualidad se transmite en las redes sociales.

Por ello, si hay algo que caracteriza la actualidad del capitalismo tardío es la indiferencia de un sector de la población hacia la verdad. Esto es lo nuevo. 

La digitalización de los intercambios sociales lleva a que los sujetos se aíslen y se comuniquen con quienes ya piensan como ellos. De esta manera, comparten sus creencias sin importar si la noticia que difunden es falsa o verdadera. La red social de Facebook muestra en el muro de cada usuario lo que sus algoritmos intuyen que les va a gustar, favoreciendo que le lleguen noticias que confirman su visión del mundo. Esto cobró notoriedad con la elección de Trump y el Brexit y puso en observación los algoritmos de Google y Facebook acusados de crear “burbujas ideológicas”. 

Pero no se puede culpar a las redes sociales por la dictadura de los algoritmos. Tampoco encontrar la solución en el llamado “algoritmo de la verdad” que pueda distinguir entre lo verdadero y lo falso. Es que decidir si algo es cierto o es una mentira, no depende de una máquina o de otras personas. La verdad no es algo objetivo. La verdad se da en la intersubjetividad. En la relación con otras personas en el interior de una cultura.

Psicoanálisis de la mentira

“En una estación ferroviaria de Galitzia dos judíos se encuentran en el vagón ‘¿Adónde viajas?’, pregunta uno, ‘A Cracovia’ es la respuesta, ‘¡Pero mira que mentiroso que eres!’ se enojó el otro, ‘Cuando dices que viajas a Cracovia me quieres hacer creer que viajas a Lemberg. Pero yo sé bien que realmente viajas a Cracovia ¿Por qué mientes entonces?’.” 

Este chiste es citado por Freud en El chiste y su relación con el inconsciente donde plantea el placer que nos produce transgredir las reglas del juicio y burlar la lógica que, en este relato, implica que se miente cuando se dice la verdad y se dice la verdad con una mentira. Para producir un chiste se necesitan tres personas: el que cuenta, el que se ríe y el tercero que es objeto del chiste. 

En la primera persona se produce placer por la suspensión de la inhibición y la disminución del gasto psíquico. Esto solamente puede ocurrir si hay otro que puede producir un alivio general a través de la descarga. En este sentido, el trabajo del chiste es semejante al del sueño en tanto una idea preconsciente es sometida al inconsciente a través de los mecanismos de condensación y desplazamiento. Es un procesamiento del preconsciente por lo inconsciente a través de un retorno de lo reprimido que es vivido como placentero por lo consciente. Es el triunfo de la pulsión de vida -Eros- sobre la pulsión de muerte.

La pregunta que se nos impone es ¿Qué es una mentira desde el punto de vista psicoanalítico? Podemos mencionar diferentes momentos de la obra de Freud. En ellos la búsqueda de la sobredeterminación de lo inconsciente es lo que intenta develar detrás de la mentira. En el Proyecto de Psicología (1895) habla de “protonpseudos” para sostener una falsa conexión consciente dentro del cuadro de la histeria. Aquí el síntoma es una conclusión falsa que se desprende de una falsa premisa. De esta manera arrastra en la palabra “mentira” las concepciones teóricas previas sobre la histeria. En las reuniones del Grupo de los Miércoles se dedica una reunión a la “Psicología de la mentira”. 

En el texto Dos mentiras infantiles (1913) analiza dos mentiras de la infancia recordadas por pacientes adultos. La negación que implica la mentira, es decir, lo que sería una desmentida se relaciona con la motivación inconsciente que la sustenta. Como veíamos al inicio en la definición de la mentira, el decir y la intención de engañar es fundamental. De allí que la ubicaríamos en el registro preconsciente-consciente. 

Pero no todas las mentiras se realizan en este modelo, de allí la importancia de conceptualizar la cuestión de la “verdad”. Por ello la mentira y la verdad son aprendizajes que se realizan en el interior de la cultura por medio de las identificaciones estructurando el aparato psíquico. En definitiva, para el psicoanálisis si el síntoma se sostiene en el engaño es para mostrar una verdad que el sujeto no puede hacer consciente.


Cuando nos prometen que podemos tocar el sol con las manos.

Si avanzamos en otro registro epistemológico, encontramos en Spinoza una perspectiva interesante para pensar estas cuestiones. Spinoza sostiene que la falsedad en sentido absoluto no existe, puesto que la razón es incapaz de producir ideas falsas por sí misma. 

Lo que llamamos ideas falsas son producto de la finitud de nuestra capacidad cognitiva, por lo tanto, más que falsas, son “inadecuadas” al objeto que se refieren. Por ello Spinoza plantea tres géneros de conocimiento. El primero es el de la imaginación. Pero debemos preguntarnos ¿La idea imaginativa es falsa? Nos dice Spinoza, ya que supone exigirle a la imaginación una tarea que está más allá de sus posibilidades. 

El ejemplo que da es el del sol. No es un error percibir que el sol está a una distancia muy corta; el error consiste en creer que efectivamente se halla a esa distancia, ya que aún sabiendo que la distancia es mayor, vamos a seguir percibiendo como si el sol estuviera cerca. En este sentido, el error consiste en tomar la imaginación como si fuera un conocimiento cierto, ya sea porque se tomen como ideas adecuadas o impulsado por los prejuicios. 

En definitiva, la imaginación induce al error y debe ser puesta al margen mediante una reforma del entendimiento. Luego viene el segundo género de conocimiento: la razón. Si la falsedad del conocimiento imaginativo proviene de su objeto, hay que buscar la verdad en el objeto del conocimiento racional. La imaginación conoce, de manera inadecuada, pero conoce las cosas singulares. 

La razón conoce las propiedades comunes a la propiedad de la cosa y a la totalidad de las cosas. El conocimiento reflexivo no es la pura reflexión sobre la forma de la verdad que se encontraría en la idea adecuada, sino la reflexión sobre el orden que se debe establecer entre las ideas, de manera que queden concatenadas de un modo que pueda expresar, no ya la fortuita incidencia de los cuerpos exteriores en el nuestro, sino el orden y conexión de las cosas; por ejemplo, en la ciencia.

El tercer género de conocimiento lo llama: de la intuición. Si en el segundo grado de conocimiento dejamos las cosas singulares para dar cuenta de las propiedades comunes, en este tercer grado de conocimiento, valoramos las cosas comunes para conocer las esencias de las cosas singulares. 

Aclaremos: esto implica conocer las esencias de las cosas singulares, no las esencias singulares de las cosas. No es un conocimiento esencialista de las cosas singulares, sino un conocimiento profundo de la relación entre las cosas singulares. Podríamos decir, utilizando un lenguaje actual, que es un conocimiento ideológico, es decir, una cosmovisión de las relaciones que se dan en el universo sostenido en la razón. De esta manera, de la imaginación pasamos a las nociones comunes y de éstas a las esencias comunes de las cosas singulares. No solo podemos conocer mejor, sino también más cosas. Vamos ganando perspectiva y comprendiendo el funcionamiento del universo.

En esta perspectiva, la cultura hegemónica, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, nos instalan en el conocimiento imaginativo donde nos prometen que podemos tocar el sol con las manos. De allí la importancia de generar formas colectivas que permitan encontrar ideas adecuadas que amplíen nuestro conocimiento. Es decir, una razón apasionada desde donde se puedan construir espacios de transformación.










LA ZONA ECOLÓGICA : De sueños, neologismos y manipulación mediática encubierta.

“En eldiario.es hemos escrito nuestra propia visión del futuro, y la hemos llamado 2034. Un ideal en el que la ciudadanía controla al poder y el periodismo libre juega un papel fundamental”.


Con esta introducción y el ánimo de captar suscriptores que conviertan el año 2034 en un mundo donde “la ciudadanía controla al poder” empezaba un proyecto de el diario.es en septiembre de 2017, denominado “2034”. 

Todo un proyecto vinculado encubiertamente al Programa 21/Agenda 30 de la ONU. Un reducto mediático que pregona a los cuatro vientos su “independencia” informativa pero que concentra sus prioridades editoriales al ámbito de; la vigilancia del poder; corrupción y fraude; regeneración democrática; el dinero de todos; economía cotidiana; desigualdad y pobreza; derechos y libertades; educación; salud; igualdad; violencia machista; familia; fronteras; racismo; LGTBI (Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales); diversidad funcional: religión y laicismo; memoria histórica; creación cultural; vida digital; mejores ciudades; medio ambiente y maltrato animal.

Entre todas las prioridades cabe destacar las que hacen que dicho medio sea considerado como el reducto elegido por la élite en la sombra que evita a toda costa, que sus cuentas se vean reflejadas en este tipo de proyectos mediáticos que no son otra cosa que la herramienta perfecta para adoctrinar sobre cuestiones vinculadas a la Open Society de Georges Soros o al Programa 21 de la ONU, ahora disfrazado  bajo el epígrafe Agenda 30, después de que el primero alcanzase una popularidad “incomoda” para sus impulsores. 


Entre las prioridades del Medio figuran las más atractivas con las que atraer al máximo de descontentos, mezcladas con aquellas que hacen que la Agenda del Nuevo Orden Mundial consiga ir lo más recta posible por unos railes que circulan por una ruta imprevista y rodeada de asaltadores del bando más opuesto a los ideales que abanderan a dicho Medio y sus colaboradores, entre los que no queremos incluir a socios lectores por cuestiones obvias.

Leer entre líneas en el mensaje que pretende difundir dicho Medio con el proyecto ideológico denominado “2034” resulta fácil para todas aquellas personas familiarizadas con este tipo de prensa que se desarrolla a través de un periodismo de disidencia controlada dirigido precisamente a eso; a controlar la disidencia de sus lectores con una exquisitez que solo este tipo de prensa puede ofrecer. Una alternativa que logra atraer a todos aquellos que huyen de ese otro estilo neoconservador que, por otro lado, utiliza las armas pertinentes para lograr un tanto de lo mismo, pero en sentido contrario.

Una trampa que conduce al mismo pasillo que se bifurca para conducir al rebaño a la sala de reuniones donde el caos es el que hace que los bandos se enfrenten y quienes eligen estas plataformas consigan el objetivo marcado, mientras esta prensa “light” que arroja luz artificial sobre la oscuridad, hace ese otro “trabajo” que la política no puede desarrollar, ni con leyes, ni decretos.


La Agenda climática, camuflada entre las prioridades editoriales de este tipo de Medios, brilla con luz propia sin ningún tipo de escrúpulos hasta el extremo de que en uno de los párrafos del mencionado “ideario” se puede leer; “El cambio climático al fin es una prioridad para todos y en 2034 hemos frenado su avance. Quienes pensaban que la tecnología serviría para sacarnos de este atolladero se equivocaban. La ciencia ayudó, claro”. La referencia subliminal a la geoingeniería para frenar el cambio climático en esta frase, está más que clara y atribuida a la ciencia.




LA ZONA CEREBRO : Analizador institucional (concepto)

Comencemos con una aclaración: NO CONFUNDAMOS ANALIZADOR CON ANALISTA (POR EJEMPLO UN ANALISTA INSTITUCIONAL O UN PSICOANALISTA). EL ANALIZADOR NO ES UNA PERSONA es aquello que permite indagar, puede ser un acontecimiento, una cosa.


Este concepto surge a partir de los desarrollos en el campo institucional que realizan fundamentalmente los franceses Lapassade, Guattari y Loureau y psicoanalistas institucionalistas argentinos como Bleger, Ulloa, Malfé y otros.

El analizador es un revelador, algo que revela, que hace correr el velo, que quita la máscara de lo oculto, es el indicador de un conflicto, como cuando se dice de un objeto (una ropa o un perfume) que es muy chismoso.

Es como si en las instituciones algo o alguien se va de lengua o de madre, las cosas se salen de su curso: un portero se enferma y falta con demasiada frecuencia, un pizarrón está mal clavado y se cae cada dos por tres, en un estudio de diseño un socio usa la impresora y no repone los cartuchos cada vez que hay una entrega urgente, en un taller de indumentaria los moldes se humedecen por estar mal guardados, un preimpresor se enoja desproporcionadamente con un diseñador que le trae un CD con colores mal formateados, y lo golpea, etc..

¿Qué tienen de común estas situaciones institucionales?: que apuntan a algo problemático no manifiesto, a algo latente que es necesario poner en palabras, aclarar, entender su naturaleza, hacerla consciente. 

Los ejemplos que hemos mencionado son analizadores y para entender que significan los analistas institucionales construyen un dispositivo artificial, los grupos. 

La gente así reunida (generalmente todos los miembros de la institución, empleados y directivos) coordinadas por el analista, analizan los analizadores, tratan de darle sentido a los faltazos del portero. Alguien dirá que ello ocurre porque está muy viejo y se enferma con frecuencia, otro dirá que es porque le adeudan o le pagan mal, otro porque tiene una amante a quien solo puede ver en horarios de trabajo. 

Poco a poco aparecerán otras conexiones, las asociaciones libres: 

¿qué papel juega la gente de recursos humanos y los directivos? ¿porqué no hacen nada y lo toleran tanto? 
¿a quienes otros se les toleran sus transgresiones? 
¿Hay hijos y enterados, empleados favoritos y desfavorecidos?¿quienes son los responsables: todos porque saben algo y se callan, los directivos?. 

En estos grupos algún vocero (al estilo de Pichon Riviere) se expresará, otros se callarán, enmudecerán significativamente. Así surgirán cuestiones referentes al régimen democrático o autoritario del liderazgo organizacional, las diferencias de salario, la orientación empresarial económica de la organización, el modo en que circula el amor o el odio, quizás se ponga en evidencia que hay muchas cosas que no se dicen y se tapan por conveniencia, para no remover el avispero, porque temen, para no “quemarse”, porque “siempre hablan los mismos y después la ligan”, etc. 

A veces los directivos pedagógicos no tienen el verdadero poder si no los dueño$ de la escuela, el instituto terciario o la conducción paralela de la iglesia a la cual están ligados. Hay instituciones educativas que parecen tener clientes en vez de alumnos. Pesa más el poder de algunos padres que el de los docentes. En algunos hospitales se teme a la acción de los gremialistas, una mucama con poder gremial puede más que el director médico.

1. Afirma Georges Lapassade que de este modo, es decir puesto en marcha el dispositivo del análisis institucional mediante este analizador construido que es el grupo, las instituciones comienzan así, a descubrirse en las relaciones que establecen con los analistas y los analizadores. Es una relación, ora de reconocimiento y ayuda, ora, por el contrario, de represión y prohibición. Oposición que funciona como un revelador, como un analizador de nuestra sociedad y sus instituciones.

2. En otro plano nosotros tenemos también analizadores internos. Son aquellos que analizan las impresiones provenientes del organismo mismo (cenestesia, equilibrio, etc.). Pavlov hace referencia a lo olfativo como analizador: todo aparato nervioso de sensibilidad exteroceptiva: los dispositivos receptores periféricos, las vías nerviosas de transmisión y los centros corticales, que son aparatos que proporcionan información analítica sobre los componentes elementales del mundo exterior percibido. La fiebre es un gran analizador al que hay que interrogar: ¿indica una infección? ¿se trata de gripe H1 A1?

3. Un analizador descompone (analiza) la realidad en sus elementos. El análisis es propio del hombre como trabajo del pensamiento, en cambio el analizador es un dispositivo experimental, un intermediario entre el investigador y la realidad. El conocimiento no es inmediato, pasa por la intermediación de dispositivos analizadores. El grupo es un intermediador, un analizador construido, En cambio, la fiebre es un analizador fisiológico natural. 

4. En la práctica institucional, los comunicadores visuales debemos estar atentos a estos indicadores: ¿la falta de reposición de cartuchos es un “simple” olvido de un pobre “despistado”, un acto fallido?. Se trata de no ser ingenuos y complejizar la reflexión acerca de lo que se reitera y perjudica a un costo tan alto. 

Tal vez el cartucho no se repone porque cada vez que hay que hacerlo la “amansadora” para que lo financien es pesada, porque hay que pasar por sufrimientos: el “verdugueo” del jefe que trata de derrochones a los empleados, la posibilidad de que se ponga de manifiesto el uso de algunos para fines privados de la impresora (“Yo no fui”) para compensar el bajo sueldo, etc.

5. Un analista descompone un material para encontrar su sentido oculto. Ese material lo produce el dispositivo analítico como ceremonial de la cura (sueños, asociaciones libres). El analizador es lo que hace surgir el deseo y produce al mismo tiempo su simbolización (por ejemplo en las prácticas psicodramáticas, en las teatralizaciones, en la danza o en la expresión corporal, en el relato de cuentos, etc.).

6. El objeto actual de nuestro trabajo, dice Lapassade, es inventar nuevos analizadores socioanalíticos. Relata una experiencia con un barrendero que manifiesta signos de agresividad y provoca a la gente para que se exprese. Al barrendero se lo emplea como analizador construído, experimental, para la exploración científica. El actor y dramaturgo brasilero Augusto Boaz creaba situaciones artificiales de discusión en los bares para sacar a la gente de la calma indiferencia política.

7. El horario, las aulas, el examen, y el programa son instituciones de la formación educativa.

8. Lapassade dice haber descubierto la importancia de los analizadores sociales. El análisis de los analizadores puede ser un disolvente de las instituciones rígidas, burocráticas, jerarquizadas. Hemos comprobado qué hechos son analizadores, por ejemplo las ocupaciones, los puestos, las funciones, las jerarquías, revelan más y con mayor rapidez y eficacia los oscuros resortes de la autoridad institucional.

9. Los acontecimientos parisinos de mayo del ‘68, las revueltas urbanas como el Rosariazo o el Cordobazo durante el ’69, los saqueos, etc. pasaron a ser un laboratorio histórico, reveladores del deseo colectivo de cambio, analizadores de las instituciones y mostrado como funcional el estado clasista con sus aparatos ideológicos estatales, mejor que todos los análisis teóricos. Por ejemplo el asesinato de Pocho Leprati en Rosario puso de manifiesto algo del carácter del gobierno de Reutemann

10. La teoría de los analizadores permite comprender los problemas de la desviación, del descarrío. Los descarriados de las instituciones ponen al descubierto los límites y atolladeros de éstas. Es la institución quien produce sus descarriados. Los educadores no quieren o no pueden escuchar la palabra que desvía y cuando finalmente la oyen, ya es demasiado tarde.

11. Para Remy Hess todo estudio de las instituciones se encuentra, en uno u otro momento, bloqueado por la realidad del analizador. La conquista teórica del analizador necesita que se reúnan las condiciones de posibilidad de un análisis. Todo análisis político, toda reflexión sobre las instituciones no se limita al Estado. Las instituciones atraviesan la cotidianeidad (el oikos, el hogar, la familia, la esclavitud) son las que fundan la ciudad/Estado y deben ponerse en el centro del análisis si deseamos comprender la vida social.

12. La intervención analítica en una institución debe reconocer los analizadores de las instituciones, ubicando dentro del campo de análisis dispositivos que catalicen las significaciones y permiten, primero cercar y luego analizar lo disperso y disimulado en el conjunto del sistema institucional. Ubicar los analizadores ya es parte del análisis.

13. Para Loureau se trata de provocar la institución, de obligarla a hablar.

14. Jules Celma habla del analizador del deseo en las instituciones educativas. Dice que la grosería expresa la supresión del poder lingüístico.




 



Más: