La zona de los NOMBRES: Victor Jara


Víctor Lidio Jara Martínez (San Ignacio, 28 de septiembre de 1932 - Santiago de Chile, 16 de septiembre de 1973) fue un músico, cantautor y director de teatrochileno.


Procedente de una familia campesina de Ñuble, Víctor Jara se convirtió en un referente internacional de la canción reivindicativa y de cantautor. Fue torturado y asesinado en el antiguo Estadio Chile (actualmente Estadio Víctor Jara) por las fuerzas represivas de la dictadura de Augusto Pinochet, que derrocó al gobierno de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.

El Golpe de Estado del general Augusto Pinochet contra el presidente Salvador Allende el 11 de septiembre de ese año lo sorprende en la Universidad Técnica del Estado, y es detenido junto a profesores y alumnos. Lo llevan al Estadio Chile, donde permanece detenido varios días. Según numerosos testimonios, lo torturan durante horas, le golpean las manos hasta rompérselas con la culata de un revólver y finalmente lo acribillan el día 16 de septiembre. El cuerpo es encontrado el día 19 del mismo mes.
Fue un destacado militante del Partido Comunista de Chile, siendo miembro del comité central de las Juventudes Comunistas de Chile hasta el momento de su asesinato. Estando preso escribió su último poema y testimonio: Somos cinco mil
El asesino de Victor JaraEl asesino de Victor Jara confesó en Mayo de 2009.
Texto leído en el Acto Homenaje a Víctor Jara, e inauguración de una escultura de Víctor en el frontis de la Casa Central la actual Universidad de Santiago (ex U.T.E).
16 Octubre de 2003
¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACA!.-
Gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la ..... Sin embargo, la voz de Allende fue apagada en la Moneda en llamas y la guitarra de Víctor quedaría allí, destrozada por la bota militar en el bombardeo de la UTE, como testimonio más de la barbarie fascista. 

UTE ingresábamos prisioneros con las manos en la nuca y a punta de bayonetas y culatazos al Estadio Chile la tarde del Miércoles 12 de Septiembre de 1973. 

Era el día siguiente del Golpe fascista. El día antes, el 11, Víctor debía cantar en el Acto que se realizaría en la UTE, donde nuestro Rector Enrique Kirberg recibiría al Presidente Allende, quien anunciaría el llamado a Plebiscito al pueblo de Chile.

¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACA!. Repitió iracundo el oficial…. Casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola y corvo al cinto, balanceando su cuerpo tensado y prepotente sobre sus botas negras..
A ESE HUEVON!. ¡A ESE!!. El soldado lo empuja sacándolo de la fila.

¡ NO ME LO TRATEN COMO SEÑORITA, CARAJO! Ante la orden, el soldado levanta su fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor. Víctor cae de bruces, casi a los pies del Oficial.

¡CH’E TU MADRE!. VOS SOY EL VICTOR JARA HUEVON. EL CANTOR MARXISTA, ¡EL CANTOR DE PURA MIERDA!

Y, entonces, su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con sus manos, -ese rostro que cada vez que lo levanta esboza esa sonrisa, que nunca lo abandonó hasta su muerte-. Esa misma sonrisa grande con que cantó desde siempre al amor y a la revolución.-

YO TE ENSEÑARE HIJO DE PUTA A CANTAR CANCIONES CHILENAS, ¡NO COMUNISTAS!.


....El golpe de una bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás.... El oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. La bota maldita se incrusta en la carne del cantor. 

Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror. Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. 

Este se desespera. Y de improviso desenfunda su pistola y pensamos con pavor que la descerrajará sobre Víctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez. Grita e increpa. 

Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos......... Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedaría grabada para siempre en nuestras retinas........


El oficial se cansa y de pronto detiene sus golpes. Mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que en una larga hilera lo observan con espanto y con ira. Entonces, se descompone y vocifera.

¡¿QUE PASA HUEVONES?!. ¡QUE AVANCEN ESTAS MIERDAS!!. Y A ESTE CABRON, se dirige a un soldado, ME LO PONES EN ESE PASILLO Y AL MENOR MOVIMIENTO, LO MATAS, ¡LO MATAS!, ¿ENTENDISTES, CARAJO?!.



El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos. Primero, 2 mil, luego seríamos más de 5.000.- Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecho jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en todas partes, una bestialidad jamás vista. 

Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar esta “escoria humana” a la “cloaca marxista”, como lo espetan. -Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas de Víctor y la respuesta es que, sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego- y, además, el ESTADIO CHILE era un MULTIESCENARIO DEL HORROR, de la bestialidad más despiadada. .....

Allí arriba un oficial le cortaba la oreja con su corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Allá, un niño de unos 12 años, de repente se levanta de su asiento y llamando a su padre corre enloquecido entre los prisioneros y un soldado le descargaba su ametralladora. 

De pronto un soldado tropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar uno de los oficiales a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían, le ordena que le golpee y el soldado toma el fusil por su cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador, que se desangra hasta morir. Un grito de espanto nos sobrecoge.



Desde lo alto de la gradería, un trabajador enloquecido se lanza al vacío al grito de ¡VIVA ALLENDE! y su cuerpo estalla en sangre en la cancha del estadio. Enceguecidos por los reflectores y bajo los cañones de las ametralladoras llamadas “las sierras de Hitler” siguen llegando nuevos prisioneros.

VICTOR, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento, con prohibición de moverse. Desde ese lugar, contempla el horror del fascismo. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, con su PLEGARIA DE UN LABRADOR:

Levántate
Y mírate las manos
Para crecer, estréchala a tu hermano
Junto iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Juntos iremos unidos en la sangre
Ahora y en la hora
de nuestra muerte, ame
n (fragmento)

Allí es obligado a permanecer la noche del Miércoles 12 y parte del Jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Víctor tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por el Oficial superior y por “el Príncipe” ante las delegaciones de oficiales de las otras ramas castrenses y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.

La tarde del Jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los buses muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.

Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. 

Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le cortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribimos con su nombre completo: VICTOR LIDIO JARA MARTINEZ. 

Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al “Nacional”, y escapábamos de la bestialidad fascista del “Chile”, podríamos, tal vez, salvar su vida.

Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero mas tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor toma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra de Lonquén así aprendí a comer los huevos”. 


Y duerme con nosotros la noche del Jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos que haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en Dictadura y su rostro se ensombrece previendo, quizás, la muerte. 

Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas y del Presidente Allende, muerto en la Moneda, de su amado pueblo, de su partido, de nuestro Rector y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella fría noche de Septiembre.

El Viernes 14 estamos listos para partir al Nacional. Los fascistas parecen haberse olvidado de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. Y las bayonetas clavándonos. En el último minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.

Y llegamos al fatídico SABADO 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias que saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. 


Frenéticos empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. 

De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector alto del Estadio, donde su ubica un palco, gradería norte. 

El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de la Marina. Y desde lejos vemos como uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. 


La tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos.- Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. Dos veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez, sobre sus hermanos, su pueblo mancillado.

Aquella noche, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Treinta o cuarenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litre Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte y el pecho perforado a balazos de nuestro querido VICTOR JARA. 

42 balas. La brutalidad fascista había concluído su criminal faena. Era la noche del Sábado 15 de Septiembre. Al día siguiente su cadáver ensangrentado, junto a otros, sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.

Esa noche, entre golpes y culatazos ingresamos prisioneros al Estadio Nacional.- .......Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto y tu voz, amado Víctor, Víctor del Pueblo:

Yo no canto por cantar
Ni por tener buena voz
Canto porque la guitarra
Tiene sentido y razón.
Que no es guitarra de ricos
Ni cosa que se parezca
Mi canto es de los andamios
Para alcanzar las estrellas


Te recuerdo Amanda
la calle mojada
donde trabajaba Manuel
Manuel
fragmen
tos)
Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi Libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que el mismo tituló “ESTADIO CHILE”, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas. 

Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondimos las dos hojas del poema. Antes, yo hice dos copias de él, y junto al ex Senador Ernesto Araneda, también preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que saldrían en libertad.

Sin embargo, el joven es chequeado por los militares en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor. 

Lo regresan y bajo tortura obtienen el origen del poema. Llegan a mí y me llevan al Velódromo, transformado en recinto de torturas e interrogatorio.

Miguel Krassnoff  detenido y acusado de haber participado, o estar implicado, en secuestros y desapariciones de en el periodo entre 1973–1974

Me entregan a la FACH y tan pronto me arrojan de un culatazo a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. 

¡Ese zapato, cabrón!!! Grita furibundo. Su brutalidad se me viene encima. Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas, patadas, culatazos y la corriente horadando las entrañas, torturas destinadas a saber si existían más copias del poema. 

Y ¿por qué a los fascistas les interesaba el poema? Porque a 5 días del golpe fascista en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba su voz levantando las figuras y los nombres señeros de SALVADOR ALLENDE y VICTOR JARA y, en consecuencia, sus versos de denuncia, escritos antes del asesinato, había que sepultarlos.-

Pero, quedaba otra copia con los versos de Víctor, que esa noche debía salir del estadio.

Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. De la sangre. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones en mi cuerpo, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo. 

Y, con orgullo debo decir que los torturadores no lograron lo que querían. Y una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad y aquí están los versos de Víctor, de su último poema, “ESTADIO CHILE”:
(fragmento)
Somos cinco mil
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
¡Cuanta humanidad
hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!.
Somos diez mil manos men
os
que no producen
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
CANTO QUE MAL ME SALES
CUANDO TENGO QUE CANTAR ESPANTO
ESPANTO COMO EL QUE VIVO
COMO EL QUE MUERO, E
SPANTO.


Estos versos recorrieron todo el planeta. Y las canciones de Víctor, de amor y rebeldía, de denuncia y compromiso, siguen conquistando a los jóvenes de todos los rincones de la tierra.

El oficial fascista que ordenó acribillarlo debió quedar contento con su crimen, pensando que había silenciado la voz del cantor, sin saber que hay poetas y cantores como VICTOR JARA, que no mueren, que mueren para vivir, y que su voz y su canto seguirán vivos para siempre en el corazón de los pueblos.

Este es mi testimonio y a ustedes se lo entrego queridos compañeros.-
(Boris Navia Pérez, Abogado. Casado, 3 hijos. Fue detenido el 12 de Septiembre de 1973 en la Universidad Técnica del Estado, junto con Víctor Jara y cientos de profesores y estudiantes. 

Estuvo detenido en el Estadio Chile, Estadio Nacional, Chacabuco y Tres Alamos. Recuperó su libertad después de más de un año como prisionero político y al recuperar su libertad se dedicó a la defensa de los derechos humanos. 

Hoy preside el Club de Amigos de Radio Nuevo Mundo y ejerce su profesión, asesora a la Confederación Campesina Ranquil, exonerados políticos y otros gremios).-

Asi se ve hoy dia Edwin Dimter, El Principe del Estadio Chile
Foto de Jorge Zúñiga S.M.
Reportero Gráfico

Semanario EL Siglo
Alias "EL PRINCIPE"
Asesino del Estadio Chile
Edwin Dimter
ESTÁS FUNAO
ES FUNCIONARIO DEL MINISTERIO DEL TRABAJO SE DESEMPEÑA COMO JEFE DEL
DEPARTAMENTO DE CONTROL DE INSTITUCIONES DE LA SUPERINTENDENCIA DE
AFP EN HUÉRFANOS 1273
SU EMAIL ES edimte@safp.cl
SUS TELEFONOS SON
7530400- 7530401
POR LA MEMORIA DE VICTOR JARA
¡¡SI NO HAY JUSTICIA !!
¡¡HAY FUNA!!



Edwin Armando Roger Dimter Bianchi, con el grado de teniente, actúa el 29 de junio de 1973 en el Tanquetazo contra el gobierno de la Unidad Popular, en el cual resultan muertas más de veinte personas, entre ellos el camarógrafo argentino Leonardo Henrichsen

Por los hechos fue detenido junto al teniente coronel Roberto Souper y el teniente Raúl Jofré González, con quienes, inmediatamente después del golpe de Estado, es enviado al Estadio Chile...

Pedro Barrientos Núñez, presunto asesino material de Víctor Jara

Muchos sobrevivientes recuerdan la llegada de estos oficiales por que se presentaron diciendo: "ahora las van a ver, comunistas conchas de su madre. Nosotros si que somos preso políticos y ahora van a pagar ustedes las consecuencias". 


Entre los prisioneros también se recuerda a uno de ellos en especial, el que se autodenominó. "El Príncipe", por la crueldad con que trató a quiénes estaban allí detenidos, especialmente al artista nacional Víctor Jara. Víctor fue asesinado, luego de una terrible golpiza y sometimiento a torturas, con 44 disparos a su cuerpo.

Edwin Armando Roger Dimter Bianchi ha sido, reconocido, por estos mismos testigos, como el asesino de Víctor Jara, el teniente que se hizo llamar "EI Príncipe", y ha sido citado declarar como inculpado en el proceso que lleva el Ministro Juan Fuentes Beldar por este delito.

Hoy es contador auditor y cumple funciones como Jefe de uno de los departamentos de Control de Instituciones de la Superintendencia de AFP, con oficinas en el Ministerio del Trabajo.

Aparece con diversas direcciones particulares, entre ellas están:

Martín de Zamora 4237, Charles Hamilton 13863 y Apoquindo 7470.

Así reaccionó el asesino cuando fue encarado:



Más:















LA ZONA PÚBLICA: La detencion de Polanski


El cineasta franco-polaco Roman Polanski fue detenido en el aeropuerto suizo de Zúrich en virtud de una orden de captura norteamericana. Polanski permanece en «arresto provisional, en espera de extradición», aunque puede apelar, según dijo un portavoz del Ministerio de Justicia.
AQUEL 8 DE AGOSTO DE 1977. La imagen de archivo muestra a Polanski y a su abogado saliendo del Tribunal de Santa Mónica tras la vista en la que el cineasta se declaró culpable de la violación de una menor.
Los hechos, admitidos en su día por el director, sucedieron en la mansión del actor Jack Nicholson
Francia pedirá el indulto para el cineasta, que permanece a la espera de una orden de extradición
A sus 76 años, el director de películas antológicas como La semilla del diablo, Chinatown o El pianista, se enfrenta a una causa que lo persigue desde hace 30 años: la supuesta violación en 1977 de Samantha Geimer, que tenía entonces 13 años. Polanski, prófugo de la Justicia estadounidense desde entonces, acudió a Zúrich para recibir el premio de honor del festival de cine de esta ciudad.
Las autoridades estadounidenses difundieron en el 2005 una orden de búsqueda internacional vinculada a la de captura de 1978, según las autoridades suizas.

En relación con los hechos que se le imputan, el cineasta fue arrestado y se declaró culpable. Pasó 42 días en prisión y fue puesto en libertad bajo fianza. A finales de 1978, al día siguiente de una reunión entre sus abogados y el juez, Polanski se marchó a Francia y nunca regresó a Estados Unidos. El Tribunal Superior de Los Ángeles desestimó el pasado mayo, de forma definitiva, la petición de los abogados de Polanski de sobreseer el caso. El juez Peter Espinoza ya había rechazado la solicitud, al entender que Polanski tenía que comparecer en persona ante el tribunal. Polanski tiene la nacionalidad francesa y, como ciudadano de este país, no podría ser extraditado, pero su situación se complica al ser detenido en Suiza, país que no forma parte de la UE. Un portavoz del Ministerio de Justicia suizo, Guido Balmer, justificó la detención y aseguró que su país no hizo más que cumplir con una orden de arresto internacional. La presunta víctima, Samantha Geimer, manifestó el año pasado que su supuesto agresor no es un peligro para la sociedad y «no necesita ser encerrado para siempre».
Apoyo del Gobierno francésEl ministro francés de Cultura, Fréderic Mitterrand, se declaró «estupefacto» por la detención y recordó que el cineasta es ciudadano francés y tiene «reputación internacional». Precisó que el presidente Sarkozy «sigue el asunto con la mayor atención» y desea una pronta solución.El ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, ha intervenido ante la consejera federal suiza de Exteriores, Micheline Calmy-Rey, para pedir que se garantice el respeto de los derechos de Polanski y que el asunto tenga un rápida «salida favorable». El embajador francés en Suiza y el cónsul general francés en Zúrich se han puesto en contacto con las autoridades suizas para ejercer el derecho de visita consular al detenido.

Francia no tiene obligación de extraditar a sus ciudadanos y los cargos acusa Estados Unidos al cineasta no son extraditables, según la legislación francesa.


La víctima quiere olvidar
La víctima en el caso de abuso sexual de que se acusa a Roman Polanski, hoy casada y con tres hijos, ha pedido reiteradamente a las autoridades que retiren los casos contra el hombre que abusó de ella. Samantha Geimer, de 45 años, era una niña inocente e ingenua en marzo de 1977, cuando Polanski le preguntó a su madre si podría fotografiarla para un revista de modas en la residencia de Jack Nicholson, en las colinas de Hollywood. Después de emborracharla con champán y drogas, y de sacarle fotografías sin ropa en su bañera, Polanski la violó, según Samantha.

La zona Histórica: EL TSUNAMI DE CADIZ 1755

El tsunami de 1755 podria repetirse en 2205.

Los cuadros de la época muestran la destrucción del terremoto de Lisboa y los tsunamis que lo siguieron. (Foto: AFP)

El terremoto que sacudió Lisboa en 1755 y llegó a la costa de Cádiz en forma de gigantesco tsunami, con olas de 12 a 15 metros de altura, podría repetirse dentro de 200 años, ya que el "periodo de retorno" de estos fenómenos establecido para la zona es de 450 años.

Así lo aseguró Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Española, en la tertulia titulada "250 años del gran terremoto y tsunami de Lisboa", organizada por el Colegio Oficial de Geólogos de Madrid.


El gran terremoto y tsunami de Lisboa se desató el 1 de noviembre de 1755 a las 10.16 horas y provocó sólo en España 61 muertos por el terremoto y 2.000 por el tsunami, mientras que las perdidas materiales ascendieron a 70 millones de reales de vellón, equivalentes a 600 millones de euros actuales.

José Manuel Martínez explicó que estos cálculos aproximados han podido salir a la luz recientemente gracias al descubrimiento de una encuesta realizada en la época por el rey Fernando VI para evaluar los daños del terremoto en España, a la que respondieron 1.200 pueblos.

Esta información ha servido además a los sismólogos para fijar la magnitud real del fenómeno en 8,5 grados en la escala Richter y establecer la distancia aproximada del epicentro en unos 200 kilómetros respecto al cabo de San Vicente, en el extremo sur de Portugal.



Según Carreño, los tsunamis de la costa atlántica española son más fuertes que los de la costa mediterránea, dado que sus fuentes sísmicas proceden de fallas de mayores dimensiones, pero su desencadenamiento es menos probable.

"Existen pocas muestras para establecer una estadística fiable, ya que desde el año 800 antes de Cristo, sólo se han producido cuatro terremotos importantes, de características similares al de Lisboa, en esta zona", explica Carreño.



Esto permite establecer un "período de retorno", es decir, de tiempo que por lo menos tiene que transcurrir para que se repita el fenómeno, de 450 años.

Sin embargo, de suceder hoy, Carreño advirtió de que las pérdidas humanas y económicas para la costa española de Huelva y Cádiz serían "mucho más devastadoras", dado el aumento demográfico, el desarrollo industrial y el elevado número de urbanizaciones construidas prácticamente al nivel del mar en esta zona costera.

Vista general de la zona reconstruida en Lisboa tras el terremoto. (Foto: EFE)
Vista general de la zona reconstruida en Lisboa tras el terremoto. (Foto: EFE)

El trabajo que desarrolla el grupo de investigación Geología costera de la Universidad de Huelva sobre la evolución que ha seguido la costa onubense a lo largo de su historia, convierten las playas en un enorme y particular archivo del que se puede extraer todo tipo de información.

Gracias a estas huellas reconocibles, indica el investigador de la UHU Juan Antonio Morales, se puede saber que en los últimos 8.000 años la costa de Huelva ha sufrido hasta catorce tsunamis; una cifra nada desdeñable.

"Algunos con un efecto impactante". De hecho, sospecha que el final de Tartessos coincide con uno de ellos.

Morales no dice que pudieran ser el motivo de su desaparición, pero sí una de las causas, ya que pudo provocar grandes destrozos en las infraestructuras costeras de esta cultura que hicieran decaer considerablemente su actividad comercial.
Algo parecido considera que ocurrió con la civilización megalítica, hace 4.500 años.

Una noticia recogida por el Diario EXPRESS, anunciaba una llamada de atención, por parte de investigadores entre los que se citaba a Ricardo Ramalho, que advertían de que una tragedia acaecida hacía 73.000 años, podría volver a producirse en Cabo Verde, provocada por la erupción del Volcan Fogo con un "Megatsunami". Tras las evidencias que apuntaban a fenómenos desastrosos naturales provocados por la tecnología HAARP, entre otras, en casos como los del Tsunami de Haití, Japón, Chile, Nepal, etc, este tipo de información suponía un aviso a navegantes. 




Perlas..


Cuando te vayas no te olvides de llevarte tu menosprecio.




La zona de los NOMBRES: Miguel Hernández


Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910Alicante, 28 de marzo de 1942) fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX.
Aunque tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial epígono de la generación del 27».


Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra.

No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando.

Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!

Miguel Hernández y Josefina, en su casa del alicantino barrio de Benalúa.


Infancia y juventud

Nació como segundo hijo varón en una familia de Orihuela dedicada a la crianza de ganado.

Pastor de cabras desde muy temprana edad, Miguel fue escolarizado entre 1915 y 1916 en el centro de enseñanza «Nuestra Señora de Monserrat» y entre 1918–1923 recibe educación primaria en las escuelas del Amor de Dios; en 1923 pasa a estudiar el bachillerato en el colegio de Santo Domingo de Orihuela, regentado por los jesuitas, los que le proponen para una beca con la que continuar sus estudios, que su padre rechaza.

En 1925 abandonó los estudios por orden paterna para dedicarse en exclusiva al pastoreo, aunque poco tiempo después cursa estudios de derecho y literatura. Mientras cuida el rebaño, Miguel lee con avidez y escribe sus primeros poemas.

Por entonces, el canónigo Luis Almarcha inicia una amistad con Miguel y pone a disposición del joven poeta libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Paul Verlaine y Virgilio entre otros. Sus visitas a la Biblioteca Pública son cada vez más frecuentes y empieza a formar un improvisado grupo literario junto a otros jóvenes de Orihuela en torno a la tahona de su amigo Carlos Fenoll.

Los principales participantes en aquellas reuniones son, además de Miguel y el propio Carlos Fenoll, su hermano Efrén Fenoll, Manuel Molina, y José Marín Gutiérrez, futuro abogado y ensayista que posteriormente adoptaría el seudónimo de «Ramón Sijé» y a quien Hernández dedicará su célebre Elegía.

A partir de este momento, los libros serán su principal fuente de educación, convirtiéndose en una persona totalmente autodidacta.

Los grandes autores del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Pedro Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega y, sobre todo, Luis de Góngora, se convertirán en sus principales maestros.

Segundo viaje a Madrid

Tras este prometedor comienzo marcha a Madrid por segunda vez para obtener trabajo, esta vez con mejor fortuna, pues logra primero ser nombrado colaborador en las Misiones Pedagógicas y más tarde le escoge como secretario y redactor de la enciclopedia Los toros su director y principal redactor, José María de Cossío, que será en adelante su más ferviente entusiasta.

Colabora además con asiduidad en Revista de Occidente y mantiene una tórrida relación con la muy liberada pintora Maruja Mallo, que le inspira parte de los sonetos de El rayo que no cesa.

Se presenta a Vicente Aleixandre y hace amistad con él y con Pablo Neruda; este es el origen de su breve etapa dentro del Surrealismo, con aliento torrencial e inspiración telúrica.

Su poesía por entonces se hace más social y manifiesta a las claras un compromiso político con los más pobres y desheredados.

En diciembre de 1935 muere su fraternal amigo de toda la vida, Ramón Sijé, y Miguel le dedica su extraordinaria Elegía, que provoca el difícil entusiasmo de Juan Ramón Jiménez en una crónica del diario El Sol.

Guerra Civil

Al estallar la Guerra Civil, Miguel Hernández se alista en el bando republicano. Hernández figura en el 5º Regimiento y pasa a otras unidades en los frentes de la batalla de Teruel, Andalucía y Extremadura. En plena guerra, logra escapar brevemente a Orihuela para casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días tiene que marchar al frente de Jaén.

En el verano de 1937 asistió al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en Madrid y Valencia, y más tarde viajó a la Unión Soviética en representación del gobierno de la República, de donde regresó en octubre para escribir el drama Pastor de la muerte y numerosos poemas recogidos más tarde en su obra El hombre acecha.

En diciembre de 1937 nace su primer hijo, Manuel Ramón, que muere a los pocos meses y a quien está dedicado el poema Hijo de la luz y de la sombra y otros recogidos en el Cancionero y romancero de ausencias, y en enero de 1939 nace el segundo, Manuel Miguel, a quien dedicó las famosas Nanas de la cebolla.

Escribe un nuevo libro: Viento del pueblo. Destinado a la 6ª división, pasa a Valencia.

Prisión y muerte

En abril, el general Francisco Franco declaró concluida la guerra y se había terminado de imprimir en Valencia El hombre acecha. Aún sin encuadernar, una comisión depuradora franquista, presidida por el filólogo Joaquín de Entrambasaguas, ordenó la destrucción completa de la edición.

Sin embargo, dos ejemplares que se salvaron permitieron reeditar el libro en 1981.

Su amigo Cossío se ofreció a acoger al poeta en Tudanca, pero este decidió volver a Orihuela. Pero en Orihuela corría mucho riesgo, por lo que decidió irse a Sevilla pasando por Córdoba, con la intención de cruzar la frontera de Portugal por Huelva. La policía de Salazar lo entregó a la Guardia Civil.

Desde la cárcel de Sevilla lo trasladaron al penal de la calle Torrijos en Madrid (hoy calle del Conde de Peñalver), de donde, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad inesperadamente, sin ser procesado, en septiembre de 1939.

Vuelto a Orihuela, fue delatado y detenido y ya en la prisión de la plaza del Conde de Toreno (posteriormente obispo de León en 1944), intercedieron por él, conmutándosele la pena de muerte por la de treinta años.

Fué juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940.

Pasó a la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre al Penal de Ocaña (Toledo).

En 1941, fue trasladado al Reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con Buero Vallejo. Allí enfermó. Padeció primero bronquitis y luego tifus, que se le complicó con tuberculosis.

Falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942, con tan sólo 31 años de edad. Se cuenta que no pudieron cerrarle los ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un poema.

Fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo.

Se cuenta que no pudieron cerrarle los ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un poema. Fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo. En

Actualmente sus restos mortales reposan en una sepultura del mismo cementerio, junto a los de su mujer Josefina Manresa y su hijo, dicha sepultura, fácilmente identificable, es muy visitada.

El poeta que costaba cinco pesetas...

El reloj de oro de Aleixandre fue su última posesión. Decidió venderlo en Moura.

Ese día 30 de abril de 1939, domingo, intentó el trueque. Josefina contaría después que era el único regalo de su matrimonio.

El joyero le denunció a la Policía de Fronteras y fue detenido allí mismo.

Llevaba en su poder 20 escudos y dos salvoconductos inútiles y el libro La destrucción del amor y un ejemplar del auto sacramental Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras.


Recuerdo de sus flirteos con la religión que le inculcara su amigo del alma y el que le quiso alejar de Pablo Neruda, de Aleixandre o de Rafael Alberti. Miguel era un alma libre:


No hay cárcel para el hombre/ no podrán atarme, no/Este mundo de cadenas me es pequeño y exterior/quién enseña una sonrisa/quién amuralla una voz...

Miguel fue conducido al depósito carcelario de Rosal de la Frontera desde Moura el 3 de mayo de 1939. "Ruego se sirva admitir en el Depósito Municipal del Ayuntamiento a Miguel Hernández Gilabert, el que queda a disposición del señor secretario de Orden Público e Inspección de Fronteras".

La rúbrica era de Antonio Marqués Bueno.



La primera vez que Miguel es interrogado fue a las doce del mediodía del 4 de mayo de 1939 ante el agente de segunda clase del Cuerpo de Investigación y Vigilancia y un agente auxiliar: Antonio Marqués Bueno y Rafael Córdoba Collado.

En sus anotaciones identificaban al poeta como "Miguel Hernández Gilabert, de 28 años, casado en la que fue zona roja, de profesión escritor e hijo de Miguel y Concepción.

Fue entregado en este puesto fronterizo por haber pasado clandestinamente desprovisto de la documentación necesaria a este efecto".

El premio para los guardinhas lusos que lo entregaron fue de cinco pesetas, el precio que pagaba el Régimen de Franco a los colaboracionistas que entregaran refugiados o huidos a través de la frontera con Portugal.

Según consta en el Registro Municipal y Servicio de Depuración de Detenidos del 4 de mayo de 1939, allí compartieron ese día cautiverio con Miguel Hernández, un hombre y una mujer: Victoriano Borrero Frutos y Francisca García Villanueva.



El interrogatorio duró diez horas. Medio día de torturas. Golpes que ocultó en sus cartas a Josefina. "Ve a mi casa y di a mi padre y a mi hermano que un día de estos me llevan a Huelva desde este pueblo y que es preciso que me reclamen de Orihuela.

Que hablen con don Luis Almarcha.... (otra vez el obispo) y quien sea preciso para la consecución de mi traslado a nuestro pueblo.

La detención no es nada de importancia, pero haz lo que te digo para estar junto a nuestro hijo y a ti lo más pronto posible. No te preocupes, nena.

Como bien, me tratan bien y a lo mejor desde Huelva paso a Orihuela antes de que nuestros amigos pudientes de ahí hayan hecho gestión alguna".

Miguel se mostraba 'confiado' en la justicia de Franco, sabedor de que la carta iba a ser leída por sus captores.

La verdad era muy distinta. Los captores se emplearon a fondo, golpeándole la cabeza y los riñones hasta hacerle orinar sangre.

El único apoyo que tuvo Miguel en se lo dio otro preso, Francisco Guapo, y su mujer, Manuela, que le llevaba el poco alimento que fue capaz de comer.

Hoy su nuera, Lucía Izquierdo, recuerda que los amigos de Miguel sabían que moriría en prisión. Allí sólo sobreviven los débiles (los canijos).

Y Miguel era un hombretón de 175 centímetros de estatura al que gustaba comer, acostumbrado a la pitanza campestre.

Pero incapaz en el presidio de aceptar comida que necesitaban sus compañeros.

La confesión del poeta fue la que quisieron.

En los escritos que se conservan ponen en su boca que "Lorca era un hombre de mucha más espiritualidad que Azaña, que no desconoce que era pederasta y que a pesar de esto era uno de los hombres de más espiritualidad de España, y que después del teatro clásico, él ha sido una de las mejores figuras; advirtiendo a los agentes que suscriben tengan cuidado no se repita el caso de García Lorca, que fue ejecutado rápidamente y según tiene entendido el mismo Franco (nuestro inmortal Caudillo) sentó mano dura sobre sus ejecutores".

Después de aquel atroz interrogatorio, sus inquisidores apuntan las pertenencias del preso: veinticinco escudos con cuarenta centavos y los dos salvoconductos para desplazarse a Sevilla y Cádiz.

La conclusión de los agentes de Rosal parece más bien una condena: "Es de suponer que este individuo haya sido en la que fue zona roja por lo menos uno de los muchos intelectuales que exaltadamente ha llevado a las masas a cometer toda clase de desafueros, si es que él mismo no se ha entregado a ellos".

Los documentos, que carecen de membrete, según apunta Cerdán Tato en su Geografía Carcelaria, llevan un sello de la Jefatura de Seguridad del Puesto de Rosal de la Frontera y la firma sólo figura al pie de la declaración.

El atestado ocupa las primeras páginas del Procedimiento Sumarísimo de Urgencia 21.001 que condena al poeta a pena de muerte de acuerdo con la sentencia dictada el 18 de enero de 1940.

Como si un camino hacia la perdición escrito en algún sitio tratara de seguir, Miguel Hernández tuvo la mala fortuna de que en Rosal estuviese destinado un guardia civil vecino suyo, de Callosa del Segura, que le reconoció y aportó toda una leyenda de rebelde y escritor comunista.

Qué fatalidad. A esa letanía de cargos, Miguel añadiría otro infortunio. Era de Alicante, lo que sirvió a sus verdugos para intentar relacionarle con el fusilamiento de Primo de Rivera. Quién les convencía de lo contrario.

En su fantasía de cargos inventados pesaba el hecho de que cuatro de los milicianos que participaron en el fusilamiento de Rivera eran de Huelva. José Pantoja Muñoz, Guillermo Toscano Rodríguez, Miguel Quintero Cruz y Luis Serrat Martínez. Todos fueron depurados entre 1939 y 1941 en un procedimiento que comenzó precisamente el 15 de mayo de 1939.

El 9 de mayo de 1939 Miguel Hernández ingresa en la Prisión Provincial de Huelva.

En su ficha, que se conserva en la biblioteca del presidio que lleva hoy su nombre, se concreta que entró a las 12:30 de la mañana.

Dos días después, el 11 de mayo de 1939 era conducido a la Prisión Provincial de Madrid.

Once días de mayo agitados, repletos de miedos, acechanzas, traiciones que abrieron la puerta de un rosario de traslados a presidio que tiene 2.300 kilómetros de recorrido por los cerrojos de media España hasta que muere el 28 de marzo de 1942 en la enfermería del Reformatorio para Adultos de Alicante.


Cartas de Federico


Me llamo barro aunque Miguel me llame...


Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
Que mancha con su lengua cuanto lame.
Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.

Como un nocturno buey de agua y barbecho
que quiere ser criatura idolatrada,
embisto a tus zapatos ya sus alrededores,
y hecho de alfombras y de besos hecho
tu talón que me injuria beso y siembro de flores.

Coloco relicarios de mi especie
a tu talón mordiente, a tu pisada,
y siempre a tu pisada me adelanto
para que tu impasible pie desprecie
todo el amor que hacia tu pie levanto.

Más mojado que el rostro de mi llanto,
cuando el vidrio lanar del hielo bala,
cuando el invierno tu ventana cierra
bajo a tus pies un gavilán de ala,
de ala manchada y corazón de tierra.
Bajo a tus pies un ramo derretido
de humilde miel pataleada y sola,
un despreciado corazón caído
en forma de alga y en figura de ola.

Barro en vano me invisto de amapola,
barro en vano vertiendo voy mis brazos,
barro en vano te muerdo los talones,
dándote a malheridos aletazos
sapos como convulsos corazones.

Apenas si me pisas, si me pones
la imagen de tu huella sobre encima,
se despedaza y rompe la armadura
de arrope bipartido que me ciñe la boca
en carne viva y pura,
pidiéndote a pedazos que la oprima
siempre tu pie de liebre libre y loca.

Su taciturna nata se arracima,
los sollozos agitan su arboleda
de lana cerebral bajo tu paso.
y pasas, y se queda
incendiando su cera de invierno ante el ocaso,
mártir, alhaja y pasto de la rueda.

Harto de someterse a los puñales
circulantes del carro y la pezuña,
teme del barro un parto de animales
de corrosiva piel y vengativa uña.

Teme que el barro crezca en un momento,
teme que crezca y suba y cubra tierna,
tierna y celosamente
tu tobillo de junco, mi tormento,
teme que inunde el nardo de tu pierna
y crezca más y ascienda hasta tu frente.

Teme que se levante huracanado
del blando territorio del invierno
y estalle y truene y caiga diluviado
sobre tu sangre duramente tierno.

Teme un asalto de ofendida espuma
y teme un amoroso cataclismo.

Antes que la sequía lo consuma
el barro ha de volverte de lo mismo.



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