La zona Real: LAS VERGÜENZAS DE LA MONARQUIA

El rostro de Arabia no ha cambiado mucho desde que el profeta Mahoma, hace ya 15 siglos, creara el primer Estado en aquella tierra.


La mortalidad infantil en este país, situado sobre un mar de oro negro, es de 23 por mil habitantes, similar a Rumanía; el Índice de su Desarrollo Humano, cifra con la que la ONU expresa el estado de bienestar de un país, es similar al de El Salvador y la alfabetización sólo alcanza al 47% de la población, inferior al 61% de Tanzania y al 96% de Cuba.





Bajo el mandato de la familia saudí, este país desértico se ha convertido en un reino de terror. Es el único lugar del mundo donde la guillotina sigue vigente.


Cortar la cabeza y el apedreamiento son los métodos utilizados para poner fin a la vida de los acusados de un amplio rosario de delitos como la homosexualidad, el asesinato, la apostasía, la conspiración contra el gobierno, el hurto, el tráfico de drogas...




Según Amnistía Internacional, después de China, Arabia Saudí es el país con más casos de asesinatos legales (166). La mayoría de los condenados suelen ser trabajadores inmigrantes pobres (una tercera parte de la población del país), que en ocasiones no conocen la lengua árabe, ni la sentencia, ni siquiera la fecha de su ejecución.


La tortura y la violación son los métodos usuales para obtener pruebas de la acusación. Los detenidos permanecen incomunicados, sin abogados, sin visita alguna. A los sospechosos de delitos menores se les amputan los miembros o son flagelados en las plazas públicas.





En este país, apodado por buena parte de la prensa occidental como «moderado», el sistema político está basado en una alianza de corte medieval entre la monarquía hereditaria y absolutista, los ulemas (el clero musulmán), y los jefes tribales. No existe Constitución, ya que el Corán y la sharia son suficientes. No hay parlamento ni ninguna variante de sufragio. Tampoco se permiten los partidos políticos, los sindicatos y otras formas de asociacionismo civil.





Sus miles de príncipes lo controlan todo: el ejército, la guardia nacional, el poder político, el financiero Cualquier protesta o crítica se ahoga con mayor dureza y rapidez. Practicar abiertamente otras religiones, incluidas las permitidas por el islam, se castiga duramente. La posesión de símbolos religiosos no islámicos (rosarios, crucifijos o biblias) conlleva la detención inmediata y un destino incierto.





No hay cines, ni teatros, ni música. Los mutawa'in (policía religiosa de las buenas costumbres) no dudan en repartir palizas y flagelaciones en plena calle a quienes infrinjan las normas islámicas de comportamiento. ¿Recuerda esto a los difuntos talibanes?


Esta niña fue casada a los diez años.

No es que los saudíes hayan copiado a sus correligionarios afganos.Al revés. Los talibanes, cuando estudiaban en las escuelas wahabíes de Pakistán, financiadas por los saudíes, aprendieron bien la lección y la aplicaron a rajatabla. (La pena de muerte por lapidación a la que se enfrentó la nigeriana Amina fué expedida por sacerdotes islámicos de los centros religiosos de Arabia Saudí en ese país).






Y como en otras teocracias, las mujeres son las que llevan la peor parte. Se les considera, en cuestiones legales, menores de edad y para realizar cualquier gestión o papeleo necesitan el permiso escrito de un varón de la familia. Su testimonio vale oficialmente la mitad que el de un hombre.





La mujer saudí tampoco puede conducir. Las pudientes contratan a un chofer. De hecho, para una población de unos 10 millones de habitantes hay medio millón de chóferes, privilegio al servicio de las clases medias cuyas mujeres pueden eliminar su celulitis en Al-Manasil, un centro del Barrio Diplomático, tener sus pasarelas de moda y sus fiestas.





Los jóvenes, las mujeres y las minorías religiosas se han unido para poner en jaque a la dinastía saudí.
Lucha no siempre resuelta de forma pacífica. En 1964, el rey Saud se vio obligado a abdicar a favor de su hermano Faisal Ben Abdul Aziz Al Saud, quien, 11 años más tarde, fue asesinado por uno de sus sobrinos.

Mientras, el reino saudí sigue desprendiendo olor a lujo, petróleo, armas y terror.


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La zona Real: CUANDO EL REY DE MARBELLA PAGA..

CRÓNICA DE UN ATERRIZAJE DE ORO

La última visita que hizo el rey Fahd a España antes de morir

una corte real de tres mil personas, jet privado más otros tres jumbos para sus 400 familiares, 200 mercedes, cinco millones de pesetas de gasto diario, 500 teléfonos móviles...
Son las cuatro de la tarde y el termómetro supera los treinta grados centígrados, pero el tiempo no importa. A los jardines que rodean el palacio que la familia real saudí posee en Marbella le han crecido mantas de colores.
Sobre ellas, más de cien personas aguardan pacientemente su turno. No van a ver ningún espectáculo, quieren trabajar para el rey de Arabia Saudí. Llegan al amanecer y se marchan a sus casas cuando anochece.
Las mujeres (minoría) no se mezclan con los hombres. Hay muy pocos españoles, la mayoría procede de Marruecos y países subsaharianos. No faltan los indios.
Más de cien personas hacen guardia a las puertas del palacio del rey de Marbella a la espera de que los contraten «para trabajar de lo que sea»

Alguno lleva cuatro días esperando: «Ahora cogen a muy pocos, diez o doce por día, pero cuando llegue el rey nos meterán a todos para adentro», comenta un marroquí afincado en España.


El clan saudí: 8.000 príncipes y princesas y sus respectivos hijos / En total, 15.000 individuos con un sueldo de 100 millones de dólares / El 50% de los jóvenes saudíes está en paro / Unos tres millones de inmigrantes, tratados como esclavos, están siendo obligados a abandonar el país / El 53% de la población está sin alfabetizar

Se trae a Marbella un séquito de 3.000 personas, 200 Mercedes, helicópteros, aviones y un ejército de guardaespaldas.La troupe del rey Fahd se gasta al día seis millones de euros (1.000 millones de pesetas) en caprichos como moviles de diamantes etc etc. Pero lo que deja en su país resulta estremecedor.

Sin preferencias
Todos los interesados en trabajar deben dejar sus datos en palacio para que los encargados de las contrataciones los llamen por teléfono, «pero lo mejor es quedarse en la puerta, porque siempre llaman a los que ven primero, no se complican la vida», apostilla un joven que no tiene preferencias laborales. «No sabes de qué vas a trabajar hasta que estás dentro del palacio, a mi no me importe hacer de jardinero, de conductor o de ayudante de cocina», añade.

Esta última es una opinión muy compartida. Lo que interesa es el sueldo que esperan percibir a final de mes, algo más de 3.000 euros (500.000 pesetas). La tranquilidad se trunca de golpe. Un hombre sale por la puerta de servicio y atraviesa el cordón de seguridad. Comienza a hablar con algunos de los aspirantes.

Luce un impecable ‘dishdas’ (una especie de chilaba de lujo que lucen en los países del Golfo Pérsico). Falsa alarma. Por el momento no entra nadie más.

El yate ya ha llegado
La llegada del monarca saudí es inminente, aunque todo apunta a que será el domingo, y no hoy, cuando su Boeing 747 aterrice en el aeropuerto Pablo Ruíz Picasso de Málaga. La avanzadilla continúa llegando. El barco ‘Al Diriyah’ atraca en el dique de levante de Puerto Banús procedente de Cannes. Tiene 70,78 metros de eslora y 11,31 metros de manga.

Su aspecto externo no es muy ostentoso, todo lo contrario que su interior. Posee los más modernos sistemas de navegación y todas las comodidades para los pasajeros.

LA LLEGADA

La comitiva hace su entrada en el Palacio Mar-Mar, donde más de cien agentes de la Casa Real saudí custodían sus alrededores. En un principio de la seguridad interior de la finca se encargarán agentes del Cuerpo Nacional de Policía y la guardia real saudí, a los que se sumarán una empresa de seguridad privada y tres helicópteros. Además la Policía Local de Marbella dispondrá un dispositivo especial las 24 horas del día para controlar los alrededores de finca, donde el dia antes se congregan más de 200 personas, a la espera de ser contratadas por el monarca saudí.

Más de 300 suites reservadas
Una vez más el rey ha decidido comenzar sus vacaciones estivales y como ya hiciera en anteriores ocasiones ha elegido para ello, su paraíso de Marbella: el palacio Mar-Mar. Situado en una de las zonas más exclusivas y lujosas, -conocido con el gráfico nombre de la \'milla de oro\'- cuentan los que han estado que su edificio principal es una réplica de la Casa Blanca.
A pesar de sus extraordinarias dimensiones, el séquito saudí, que está previsto que se aumente en 2.000 personas una vez esté instalado el rey, sobrepasa su capacidad, por lo que el monarca reserva todas las suites y habitaciones de lujo de los establecimientos más exclusivos de Marbella y alrededores.
Los gastos
El rey y su séquito permanecen en España hasta principios de octubre. En todo este tiempo el rey saudí gastará una media de 5 millones de euros diarios. En principio alquila 100 automóviles de lujo, la mayoría limusinas, tiene a su disposición un helicóptero y un jet privado las 24 horas del día, y atracado en el Puerto Banús un impresionante yate.

No obstante el monarca espera la llegada de un inmenso yate desde su pais, de unos 156 metros de eslora, que no atraca en el muelle de honor debido a sus extraordinarias dimensiones.

La zona Real: EL REY DE MARBELLA

El tren de vida de un miembro de la familia real saudí no es poca cosa. Según la asociación de hosteleros de Ginebra, cuando el rey Fahd iba a esa ciudad a que le viera el oculista gastaba cinco millones de dólares diarios.


El rey con su sucesor, a la izquierda.

La solución ha sido simple y directa. La familia real ha convertido la extorsión en un arte. Los empresarios que quieren ganar contratos de obras públicas -por ejemplo, la familia Bin Laden, dueña del mayor grupo de construcción del país- deben pagar su mordida al príncipe de turno.

Abdala bin Abdelaziz el heredero al trono.

Los príncipes están involucrados en actividades que van desde la venta de permisos de residencia a los extranjeros hasta el tráfico de armas. También expropian negocios rentables, o hacen a sus dueños una oferta que nadie puede resistir si no quiere ir a la cárcel. Una de esas prácticas les hace particularmente odiosos a los ojos de los musulmanes: el cobro de precios abusivos a los más de dos millones de fieles que cada año hacen la peregrinación a La Meca.

Mansion de Marbella de la familia real.

ARMONIA ROTA

El resultado ha sido la ruptura del orden social. Tradicionalmente, los analistas políticos han insistido en que en Arabia Saudí es imposible una revolución islámica como la que derribó al Shah de Irán en 1979 y puso a Jomeini en su lugar, porque el sistema tribal saudí hacía que todos participasen más o menos del poder, cosa que no pasaba en la dictadura iraní. Cada persona pertenece a una familia, cada familia a una tribu, y cada tribu tiene sus príncipes.

Pero esa armonía se ha roto. Los príncipes son ahora una clase de parásitos que, después de haber chupado todo lo que da de sí el petróleo, medra de la manera más descarada a costa de las clases medias. Si a eso se suma la vertiginosa tasa de natalidad saudí, la catástrofe está garantizada. El país tiene 14 millones de habitantes. La mitad de ellos tiene menos de 18 años.

En ningún país del mundo los ciudadanos han vivido un proceso de empobrecimiento tan increíble como los saudíes en las últimas dos décadas. El PIB per cápita era de 28.600 de dólares en 1981, igual que el de Estados Unidos. Veinte años después, es de 6.800 dólares, a la altura de Rusia. Hace poco, 1.000 personas acudieron a la Academia Militar de Riad por un anuncio que ofrecía 10 empleos.La espera pronto degeneró en tumulto y hubo decenas de heridos.

El problema laboral de Arabia Saudí no es sólo la crisis económica, sino que todo el país está hecho para que los saudíes no trabajen.Para mantener el país funcionando hay un extranjero por cada dos o tres saudíes. El Gobierno anunció en febrero que va a limitar el número de inmigrantes al 20% de la población para combatir el paro. Si eso sucede, será interesante ver cómo los jóvenes saudíes, más versados en el Corán que en las nuevas tecnologías, van a liderar el país.

Y eso que a primera vista, Arabia Saudí parece un modelo de paz.Cierto que tienen algo de paz de cementerio, en un país en el que se celebran telemaratones para conseguir dinero para las familias de los terroristas suicidas palestinos y en el que la capital tiene la popularmente conocida Plaza del Tajo, donde cada viernes, tras las oraciones, se decapita a los delincuentes.

Y mientras la crisis social aguarda el momento propicio para estallar, la familia real saudí vive otra guerra civil.

La lucha estalló en 1995 en un hospital de Riad. Fahd, que gobernaba desde 1982, acabababa de sufrir una embolia cerebral y estaba al borde de la muerte. Entre los aproximadamente 300 miembros de la familia real con verdadera influencia se desató una lucha feroz por lograr el acceso a la cama real. Quien estuviera al lado del lecho de Fahd controlaría el futuro del país.

Entonces, se produjo la sorpresa. Todos vieron cómo el rey mostraba un cariño muy especial por Abdulaziz, el hijo más joven de su cuarta esposa. Abdulaziz bin Fahd es un prototípico niño mimado, pero a escala de la familia real saudí.

Se dice que entre sus caprichos está hacer motocross con una Harley Davidson por los pasillos de los palacios de su padre. Una de sus residencias, con parque temático incluido, costó 4.600 millones de dólares. Pero Abdulaziz es un hombre piadoso, así que se hizo construir réplicas de la antigua Meca y de otra docena de lugares emblemáticos del Islam, entre ellos la Alhambra.Un ejército de actores se encarga de representar a diario escenas en esos decorados.

La devoción de Fahd por Abdulaziz era un misterio sin explicar.Según algunos, obedece a la estrecha relación entre su madre, Jawhara al-Ibrahim, y su padre. Otros lo atribuyen a un adivino que le profetizó a Fahd que, mientras Abdulaziz estuviera a su lado, el rey tendría una vida larga y feliz.

La noticia de que el Abdulaziz era el favorito de Fahd dejó de piedra a los hermanos del rey que controlan el país: los príncipes Sultán -ministro de Defensa-, Nayef -de Interior- y Salmán -gobernador de la provincia de Riad-. Los tres ya tenían bastantes problemas con evitar que el príncipe de la Corona, Abdulá, hermanastro de Fahd, llegara a convertirse en rey.

Abdulá afrontaba dos problemas graves. Uno es que su madre pertenecía a la tribu Rashid, enemiga tradicional de los Saud. El otro, más grave, es que es honrado. Sigue un estilo de vida relativamente austero, mantiene costumbres beduinas, y no es ningún secreto que, si llega al poder, acabará con el saqueo del país de un tajo -tal vez en el sentido literal del término-.

La actitud de Abdulá le convierte en el príncipe más popular entre la población, pero en un peligro para el resto de la casa real. Así que, mientras tenía lugar una peregrinación de notables a visitar a Fahd, la vida del rey era objeto de una despiadada negociación entre bastidores.

Nayef, Sultán y Salmán llevaron a los mejores médicos del mundo a Riad y les dieron una orden precisa: había que mantener con vida al rey al precio que fuera. Si era necesario organizar un puente aéreo entre EEUU y Arabia Saudí para trasladar un hospital entero, se haría. Abdulá no debía llegar al trono.

Lo consiguieron. Pero a un precio tremendo. Desde 1995, Fahd estaba prácticamente incapacitado para gobernar. Y el joven Abdulaziz se convirtió en su mano derecha. Él es quien gobiernaba. Al menos, hasta donde le dejaban Sultán, Nayef y Salmán. Los tres hermanos han desactivado la bomba de Abdulá, que ya tiene 79 años, y han creado otra mucho peor, la de Abdulaziz.

Según sus enemigos, Abdulaziz, que tenia 36 años, simpatizaba con Bin Laden. Ha dado dinero a clérigos próximos al terrorista, y coordinó la entrega de un paquete de ayuda de 100 millones de dólares a los talibán en 1997.

Según la costumbre de los Saud, los príncipes eligen al sucesor del rey de forma colegiada. Pero muchos temian que Fahd, anciano y enfermo, nombre sucesor a Abdulaziz. La situación es explosiva.Y los problemas dentro de la familia real saudí no siempre se resuelven de forma amigable. Para recordarlo, ahí está el ejemplo del rey Faisal, asesinado a tiros por un sobrino en 1975.

«Durante 21 años serví en el Directorio de Oriente Medio de la CIA, y siempre acepté el supuesto de mi Gobierno de que el dinero que la Casa de Saud estaba tirando en fuerzas armadas y en guardaespaldas mantendría a sus miembros -y a su petróleo- a salvo. [...] Pero Arabia Saudí es cada día más un país tremendamente irracional.Para un número sorprendentemente alto de saudíes, incluyendo a algunos miembros de la familia real, sacar al país del mercado mundial del petróleo es una opción crecientemente aceptable [si Arabia Saudí deja de exportar petróleo, el barril de crudo llegaría a los 150 dólares. Ahora está a 24]».

Son palabras de Robert Baer en la revista The Atlantic Monthly, de ideología republicana conservadora, pero expresan la creciente desconfianza de numerosos analistas norteamericanos respecto al amigo saudí. El propio Baer, que en junio publicó el libro Sleeping with the Devil (Durmiendo con el Demonio), sobre las relaciones entre EEUU y Arabia Saudí, está convencido de que si en el país del Golfo se celebraran hoy elecciones libres, Bin Laden arrasaría. No por los atentados contra EEUU, sino por un motivo mucho más básico que tiene que ver con la corrupta familia real. A los ojos de los saudíes, «Bin Laden se ha atrevido a hacer aquello de lo que ni los poderosos americanos son capaces: plantarle cara a los ladrones que gobiernan el país».

Arabia Saudí ha dejado de ser ese país estable, aliado perfecto en el caos de Oriente Medio, sin golpes de Estado ni revoluciones y con la familia real siempre dispuesta a ayudar al amigo americano.Los saudíes han dado armas y dinero a los aliados de EEUU en todo el mundo, desde las guerrillas anticomunistas de Angola, Nicaragua, Etiopía y Afganistán hasta la Democracia Cristiana italiana.

Más que colaboración, parecía una genuina amistad. Citigroup, el mayor banco estadounidense -y del mundo- fue salvado de la quiebra en 1983 por el príncipe saudí Alwalid Bin Tanal. El príncipe es desde entonces su mayor accionista. Según explicaba el semanario The New Yorker en 2000, Alwalid dirige sus inversiones -que también incluyen masivas participaciones en Coca-Cola, Gillette y Disney- desde una tienda en el desierto, mientras recibe a sus súbditos que acuden a pedirle favores, venderle halcones de cetrería y recitarle poemas.

El último gran favor de la Casa de Saud a Washington fue el 12 de septiembre de 2001. Pocas horas después de los atentados en Nueva York y Washington, Arabia Saudí envió nueve millones de barriles de petróleo a EEUU.

Pero todo ese apoyo, posible en gran medida por la autoridad del rey Fahd, estába en el aire. Y a la muerte del soberano podría deshacerse como un azucarillo, sobre todo si es el joven Abdulaziz quien se hace con las riendas del poder.

Su relación con los integristas es controvertida. Al fin y al cabo, nada hay más fácil para destruir la reputación de un candidato a la corona saudí en Occidente que decir que es integrista. Ésa fue la estrategia que funcionó a la perfección con Abdulá, a pesar de que el príncipe de la Corona es más bien un tradicionalista.

SOCIEDAD INTEGRISTA

Pero la aproximación de Abdulaziz a los radicales tiene lógica.Su posición política es débil, y cualquier apoyo es bienvenido.Y los fundamentalistas más radicales son una fuerza al alza en Arabia Saudí, una sociedad ya de por sí ferozmente integrista.

En cierto sentido, Arabia Saudí ya está en guerra. El país gasta un increíble 50% del presupuesto en defensa. Y, según el centro de estudios de defensa británico Jane's -el más prestigioso del mundo en su campo-, Al Qaeda podría tener depósitos de armas en la frontera saudí con Jordania. Los islamistas han asesinado al menos a cuatro oficiales de las Fuerzas Armadas en los últimos ocho meses. En abril de 2002, el Ejército tuvo que desplegar 8.000 soldados para hacer frente a las revueltas en el norte del país.

Según Baer, Abdulaziz ha dado dinero a clérigos próximos a Osama bin Laden, y fue él quien coordinó la entrega de un paquete de ayuda de 100 millones de dólares a los talibán en 1997. El príncipe también apoya a los musulmanes prosaudíes -lo que en muchos casos equivale a decir integristas- en todo el mundo. Ha realizado donaciones para mezquitas en EEUU y en Alemania y también ha invitado a Arabia Saudí a miembros de la comunidad islámica española.

Algunas de esas actividades han enfurecido a Estados Unidos.En 1996 Abdulaziz convenció a Fahd de que sacara de la cárcel a Mohamed al Fasi, que había sido condenado por oponerse al uso de fuerzas americanas en la guerra del Golfo y por el posterior establecimiento de bases de EEUU en el país.

Tres años después, EEUU filtró que el príncipe presuntamente había financiado a Sa'd al Burak, un miembro de Al Qaeda que había transferido ese dinero a los separatistas chechenos. El príncipe Nayef, que es el ministro del Interior, prometió tomar medidas. Pero decir que se va a hacer lo que haga falta y luego no hacer absolutamente nada es la estrategia saudí de afrontar los problemas, y no parece que Nayef cumpliera su promesa.

Mientras, en Washington se está empezando a abrir paso la idea de que, entre lo que dicen, lo que callan, lo que hacen y lo que no hacen, los saudíes son el mayor espónsor del terrorismo islámico mundial.

AYUDAS DEVUELTAS

El problema es que los saudíes son resbaladizos. No son un enemigo al estilo de la Unión Soviética. Hay saudíes proamericanos, y saudíes antiamericanos. Y hay saudíes que cambian según las circunstancias.Algunos adoran a EEUU, pero no soportan las bases militares extranjeras en su país. Y es que no hay que olvidar que Mahoma, en su lecho de muerte, pidió que no hubiera infieles en Arabia.

El príncipe Alwalid dio 10 millones de dólares a Nueva York después del 11-S, pero inmediatamente recordó la responsabilidad de EEUU en el problema palestino. El alcalde de la ciudad, Rudy Giuliani, le devolvió el cheque inmediatamente.

Si eso pasó con el hombre 10 de la Casa de Saud, el capitalista que pacta con los judíos de Wall Street, el príncipe que Washington soñaba que, por algún milagro sucesorio reemplazaria a Fahd, ¿qué se puede esperar de otros miembros de la casa de Saud menos occidentalizados?

Los americanos están confusos y, poco a poco, los lazos entre Washington y Riad aflojan. EEUU va a abandonar las bases en Arabia Saudí, en lo que supone un rotundo éxito para Bin Laden. Pero a cambio ha rodeado al reino de bases en todos y cada uno de sus vecinos, como hizo con la URSS. La invasión de Irak encajaría en esa estrategia. Algunos creen que, con el control sobre el crudo iraquí, EEUU puede tratar de reventar el dominio saudí sobre el mercado petrolífero mundial -el país árabe es el primer productor mundial y sus reservas alcanzan los 250.000 millones de barriles-. y hacer entrar en razón a la Casa de Saud.

EEUU también va a dejar un número limitado de asesores en Arabia Saudí. Según algunos, para proteger a los Saud. Pero, ¿de quién? ¿De Osama bin Laden? ¿O de sí mismos?

Abdala bin Abdelaziz se convirtió en Príncipe heredero de Arabia Saudí desde 1982 heredó el trono. El rey Fahd de Arabia Saudita falleció a los 84 años, tras más de dos décadas de reinado. Abdelaziz nació en 1924 en Arabia Saudí.

Memorias de un pueblo: Villalba o la casita de madera



La Guardia Civil ha imputado a ocho personas por un supuesto delito contra la ordenación del territorio, incluido el constructor-promotor y los siete compradores de las viviendas en terreno rústico y sin licencia, por edificar un complejo rural en el paraje de El Piojo en Villalba del Alcor.



La operación fue desarrollada por los agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) el pasado uno de octubre en el complejo rural Cuatro Caminos Sociedad Limitada, en el término municipal de Villalba, en coordinación con la Fiscalía de Medio Ambiente de la Audiencia Provincial de Huelva que dirige Alfredo Flores.


El proyecto está integrado por nueve parcelas de unos mil metros cuadrados y otra de unos seis mil, donde se han realizado construcciones ilegales. Según la información facilitada por la Guardia Civil, el complejo está formado por seis casas de madera, cuatro piscinas y otras tres casas de madera en construcción.



Imagen aérea tomada por el Seprona de la finca villalbera ubicada en el paraje El Piojo, donde se aprecian casas, piscina y picadero.

El responsable de Urbanismo del Ayuntamiento de Villalba del Alcor confirmó a la Benemérita durante el proceso investigador que el complejo no poseía licencia urbanística ya que se encuentra asentado sobre un terreno rústico y por lo tanto el suelo ostenta la calificación de no urbanizable.


En total hay ocho imputados por un delito contra la ordenación del territorio mientras que al promotor del proyecto, P.G.C., de 33 años y vecino de Villalba, se le imputa un delito continuado de estafa a siete compradores por la información suministrada a los adquirientes de las viviendas construidas sin los pertinentes permisos urbanísticos y un delito continuado contra la ordenación del territorio.

Entre los ciudadanos que negociaban la compra se encuentran onubenses, sevillanos e incluso franceses. Se les ha aplicado la máxima de que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.


El ideólogo de la operación urbanística comenzó comprando una parcela y luego anunció la venta de casas a 60.000 euros cada una.

Se añadía como atractivo la presencia de un local social e incluso la dotación de un parque para niños. Según algunas fuentes, se anunciaron hasta por internet.

La Guardia Civil instruyó las correspondientes diligencias que fueron entregadas al Juzgado de Guardia de La Palma del Condado. Este servicio de la Benemérita se encuentra enmarcado en la planificación especial que mantiene abierta el Seprona para luchar contra las construcciones ilegales realizadas en la provincia.

La Junta de Andalucía buscó el auxilio de la Guardia Civil ante el gran numero de construcciones ilegales que proliferan en Huelva, especialmente en el Parque Natural de la Sierra, zonas protegidas y montes de propios de pueblos costeros y en el entorno de Doñana.

El plan piloto puesto en marcha por la Guardia Civil comenzó en Cortelazor, Galaroza y Cortegana pero se ha ido ampliando a las demás comarcas onubenses.


Los trabajos de la Guardia Civil incluyen el análisis pormenorizado del material fotográfico aéreo obtenido y la observancia en helicóptero de las construcciones.


Desde fuentes no oficiales se barajan hasta 30.000 viviendas con algún tipo de ilegalidad en zonas rústicas de la provincia.

La reciente reforma del código penal ha elevado las penas para los promotores o técnicos que lleven a cabo obras de urbanización, construcción o edificación en zonas no autorizadas destinadas a viales o parajes que tengan reconocido su valor paisajístico, ecológico, histórico o cultual.


La Ley persigue especialmente a las autoridades o funcionarios que silencien las infracciones urbanísticas que observen en el ejercicio de sus funciones.




Rafael Moreno / Huelva | Actualizado 31.10.2009 - 05:01


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La zona de los NOMBRES: Baltasar Garzon



(Torres, Jaén, 1955) Magistrado español. Baltasar Garzón Real nació el 26 de octubre de 1955 en la localidad jienense de Torres. Segundo de los cinco hijos del agricultor y posteriormente empleado de gasolinera Ildefonso Garzón Cruz, estudió en los seminarios de Baeza y de Jaén. Abandonó los estudios eclesiásticos y la familia se trasladó a Sevilla, donde Baltasar se licenció en derecho por la universidad de la capital andaluza en el año 1979.

Después de superar las oposiciones con el puesto número 11 de un total de 51 aspirantes, comenzó su carrera judicial el 13 de febrero de 1981 en el juzgado de Valverde del Camino, provincia de Huelva. Unos meses antes, en noviembre de 1980, había contraído matrimonio con María Rosario Yayo, con la que tiene tres hijos.
Contra el terrorismo y el narcotráfico
En 1983 ascendió a magistrado y fue destinado al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción de Almería, donde permaneció hasta que a principios de 1988 fue designado titular del Juzgado de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.
Desde este cargo, como uno de los cuatro jueces encargados de instruir causas contra el terrorismo y el narcotráfico, dictaría numerosos sumarios contra la organización terrorista ETA y varios casos importantes vinculados al tráfico de drogas, como las operaciones «Nécora» (1990), con la que desarticuló la organización liderada por Laureano Oubiña, y «Pitón» (1991), con la detención de los integrantes del llamado «clan de los Charlines», que «faenaban» en las costas gallegas.

En abril de 1993 solicitó la excedencia para concurrir como número dos de la lista socialista a las elecciones generales de junio, en las que consiguió el acta de diputado. Dicen las malas lenguas que Garzón aspiraba a una cartera ministerial (le dieron un irrelevante cargo de viceministro) y que dejó la política con el ánimo de vengarse de Felipe González, a quien puso en apuros en el marco de la instrucción sobre los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), por el que ordenó la encarcelación de los policías José Amedo y Michel Domínguez, quienes imputarían al ex ministro del Interior José Barrionuevo y al ex secretario de Estado para la Seguridad Rafael Vera, que acabarían también en prisión.

En 1998 intensificó su actividad contra el entorno de ETA. Así, en el marco de una operación muy amplia, acusó a la Coordinadora de Alfabetización y Euskaldunización (AEK), una coordinadora vasca para la alfabetización de adultos en euskera, de ser el entramado financiero de la banda terrorista. Aunque no pudo demostrar la relación entre ambas organizaciones, se produjeron doce detenciones. 

Aquel mismo año clausuró el diario Egin y la emisora de radio Egin Irratia, acusados de colaboración con ETA.

Golpe a las dictaduras

También en 1998, año en que se aprobó en Roma el estatuto de la Corte Penal Internacional, ordenó la detención de Augusto Pinochet, que se encontraba en Londres, acusado de la desaparición de ciudadanos españoles en Chile durante la dictadura del general (1973-1990). Este caso dio notoriedad internacional al ya popular juez.

A principios de septiembre de 2000, acusó al ex militar argentino Ricardo Miguel Cavallo, detenido en México el 24 de agosto, de los delitos de terrorismo, genocidio y torturas, presuntamente cometidos cuando integraba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) argentina durante la dictadura militar (1976-1983).
Este auto ampliaba otro que dictó el 2 de noviembre de 1999 y por el que procesó a noventa y ocho militares argentinos. Según Garzón, Cavallo aparecía imputado ya desde el 7 de julio de 1998 en el sumario que él mismo instruye por delitos contra la humanidad cometidos por la dictadura militar argentina. Tirando del hilo descubrió la «operación Cóndor», que unía a todas las dictaduras del Cono Sur.

El Tribunal Supremo mexicano concedió la extradición de Cavallo a España en junio de 2003, y un mes después el presidente argentino, Néstor Kirchner, derogaba la Ley de Punto Final, el decreto de 2001 que impedía la extradición a terceros países de militares acusados de cometer delitos durante la dictadura.
De ETA a los paraísos fiscales

El acoso al entorno de ETA proseguiría implacablemente, a pesar de que desde algunos medios se acusaba a Garzón de atentar contra la libertad de expresión. En abril de 2001 dictó orden de cierre de la revista Ardi Beltza (‘Oveja Negra’), cuyo director, Pepe Rei, quien ya había sido procesado por el «caso Egin», fue detenido e interrogado por considerar que utilizó este medio para los fines de la organización terrorista.

Los nuevos indicios contra Rei se extraían, según Garzón, de la propia revista y del vídeo que se distribuyó con ella titulado «Periodistas, el negocio de mentir», en el que se identificaba a profesionales que después fueron objetivo de atentados o de seguimiento por miembros de ETA.
En noviembre de 2001, Garzón detuvo e interrogó a trece personas vinculadas al movimiento Gestoras Pro Amnistía (Gestorak), una de las organizaciones abertzales más sólidas en el marco del soporte y de la lucha por la repatriación de los presos de ETA dispersos. 

En la operación, denominada Udazken (‘Otoño’), intervinieron más de doscientos policías, quienes de madrugada practicaron las detenciones en varias localidades de las provincias vascas y de Navarra. A la vez, Garzón ordenó el bloqueo de veintidós cuentas bancarias pertenecientes a los detenidos y a algunas empresas.

Garzón no se amilanaba ante nadie, ni siquiera ante los poderosos. En abril de 2002 amplió la instrucción del «caso Banco Bilbao Vizcaya (BBV)-Privanza» a todo el entramado financiero secreto que constituyó el antiguo BBV en el exterior, por el caso de las cuentas opacas o fondos de pensiones secretos, por importe de 19,26 millones de dólares.

Al respecto, Garzón tomó declaración al gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, y al subgobernador, Gonzalo Gil. Finalmente, en calidad de testigo, citó a declarar al presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), Francisco González, quien, según algunas fuentes, a principios de 2001, fue el promotor de la regularización de los fondos que el banco tenía en el exterior, que supuso para la entidad bancaria el ingreso de unos 225 millones de euros.

Esta declaración no era la primera comparecencia de Francisco González ante la Audiencia Nacional, donde ya había tenido que testificar en dos ocasiones por el «caso Banesto», una durante la instrucción, el 20 de noviembre de 1995, y otra en la vista oral, el 24 de noviembre de 1998, que supuso el ingreso en prisión de Mario Conde.
Ilegalización de Batasuna
 
Pero la actuación más comprometida y polémica del juez fue la ilegalización de Batasuna, en un auto publicado en Madrid el 26 de agosto de 2002, por un presunto delito de integración en organización terrorista. Previamente, en fecha 3 de mayo de 2002, había dictado auto de prisión contra once miembros del partido radical abertzale.

La ilegalización de la tercera fuerza política vasca levantó ampollas y enturbió aún más la relación entre el partido gobernante en el País Vasco, el Partido Nacionalista Vasco (PNV), y el gobierno central presidido por José María Aznar, quien desde entonces iniciaría un acoso contra los nacionalistas.

El 18 de marzo de 2003 suspendió las actividades y ordenó la clausura de los locales en España y en el extranjero del Partido Comunista de España reconstituido -PCE(r)- por considerarlo el brazo político de los Grupos Revolucionarios Antifascistas Primero de Octubre (Grapo), accediendo así a la petición hecha por el fiscal de la Audiencia Nacional Enrique Molina, quien en octubre de 2002 había presentado un informe en el que señalaba que el comité central del PCE(r) «alimenta ideológicamente el brazo militar de la organización terrorista».

Se podrán decir muchas cosas de Baltasar Garzón (que es ambicioso, que no desdeñó su candidatura al Premio Nobel de la Paz, que aspiró a cargos políticos...), pero nadie deja de reconocer que es un juez tenaz. Y eso, en España, y fuera de ella, tiene gran mérito, como lo atestiguan los numerosos premios que ha recibido, entre ellos el Premio Internacional Paz y Solidaridad de la Fundación Ignis Ardens de Roma (1995), el reconocimiento a la Contribución para el Establecimiento de la Corte Penal Internacional (1998), el de Mejor Juez de Latinoamérica (1999/2000), la Medalla de Oro al Mérito del Plan Nacional sobre Drogas (2001) y el Premio Extraordinario al Compromiso Social otorgado por la Confederación de Jóvenes Empresarios (2002).

Amado y odiado a partes iguales, su popularidad no ha dejado de aumentar, aunque él se niega a ser considerado un juez estrella, a no ser que ello signifique que «da luz», que ilumina. Es una de sus ironías, pues sospecha que la reforma judicial pactada por el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en 2001 tiene como objetivo, entre otros cambios, la desaparición precisamente de este tipo de jueces.

A pesar de los reproches de sus colegas y de las recriminaciones del PP en casos como el de Augusto Pinochet o la guerra de Iraq, Baltasar Garzón ha proseguido con su plan sin inmutarse y haciendo caso omiso de las numerosas amenazas recibidas por quienes son objeto de sus cuidados sumarios.

Su tarea es reunir pruebas y argumentos para que otros jueces de la Audiencia Nacional puedan enjuiciar casos, aunque esos colegas han dejado entrever en más de una ocasión que el trabajo de Garzón no les impresiona. Han puesto en libertad a varios acusados -desde dirigentes de la rama política de ETA hasta narcotraficantes- por falta de pruebas convincentes. Y hasta le llamaron la atención porque en un libro escrito por la periodista Pilar Urbano, Garzón: el hombre que veía amanecer (2001), «cometió quiebras del deber de guardar secretos» que constaban en algunos sumarios por instruir, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).